En Mallín Ahogado, una vasta y productiva región al noroeste de El Bolsón, un devastador incendio de interfase amenaza a la población y biodiversidad desde el pasado 30 de enero. A medida que el fuego avanza, la comunidad enfrenta no solo la pérdida de viviendas y cultivos, sino también una compleja crisis política y ambiental marcada por el desfinanciamiento de los sistemas de prevención y combate de incendios, así como la criminalización de brigadistas voluntarios. La lucha por contener las llamas y la solidaridad reflejan la resiliencia de la región ante esta tragedia que abarca más de 3.300 hectáreas.
Por Ada Augello, desde El Bolsón
Mallín Ahogado es un territorio extenso, sin dudas la superficie productiva más amplia del municipio de El Bolsón, donde se producen hortalizas, frutales y cereales, habitan miles de abejas en diferentes colmenares y las vacas, ovejas, cabras y caballos son parte del paisaje. Se encuentra al noroeste del valle cordillerano y por él desde diversos senderos se alcanza a la alta montaña, incluyendo el glaciar del Hielo Azul.
Por el circuito troncal, durante una caminata rodeada por el canto de los pájaros se accede a siete refugios de montaña y un camping. Por uno de ellos, el Retamal, se llega al Dedo Gordo, hoy rodeado por nubes de humo. Además, por el valle que se abre en “v”, a una orilla y otra del río blanco, se encuentra el refugio del Encanto, sobre una planicie acariciada por el surco de agua que baja desde las cumbres.
Los cerros sobre el mallín alimentan con sus aguadas los cultivos que se comercializan en la feria franca de la ciudad, en verdulerías y locales gastronómicos. El paraje no sólo es atractivo por su oferta turística sino por su diversidad en la que habitan paisanos, baqueanos, productores, artistas, comunidades indígenas y, también, empresarios turísticos.
El pasado 30 de enero, el fuego comenzó a quemar el circuito troncal de refugios y un primer mirador del río. El sector es conocido como “la loma de los piches”, cerca de la confluencia de los ríos Blanco y Azul. El término es utilizado para indicar lo escaso, lo poco. ¿Qué es lo que no alcanza? ¿El agua, el recurso, una política que se aplique al cuidado ambiental y manejo del fuego?

Las voces vecinas a la confluencia de los ríos cuentan haber visto una columna de humo, luego otra y una más, todas creciendo hacia el cielo, como si treparan los árboles con voracidad. El alerta no tardó en llegar al Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF), el mismo que años atrás había advertido que un incendio dentro del Área Natural Protegida sólo iba a poder dejar de arder ante copiosas lluvias.
La baja presencia de humedad ambiente y los desalentadores pronósticos respecto de la llegada de lluvias a la comarca son históricos. En la actualidad es regular el registro de temperaturas que rondan los 30°, a diferencia de una década atrás.
Al innegable cambio climático se le suma el vaciamiento de los sistemas de prevención y combate ante incendios forestales y de interfase. En los últimos años, Argentina ha experimentado un notable desfinanciamiento en estos ámbitos, particularmente a partir de la actual gestión. Este recorte presupuestario ha afectado de manera tal que ha dejado a las provincias más vulnerables ante el fuego.
En 2024, el gobierno nacional utilizó solo el 26% del presupuesto asignado al Sistema Nacional de Manejo del Fuego, lo que deriva en una capacidad de respuesta insuficiente ante las emergencias climáticas.
A su vez, el presidente Javier Milei ha sido particularmente crítico con la agenda climática, minimizando la importancia de la inversión en políticas públicas orientadas a mitigar los efectos del cambio climático. Esta postura se ha traducido, por citar un caso, en la transferencia de helicópteros destinados a la lucha contra incendios a la guerra en Ucrania y la reducción de las horas de vuelo de las aeronaves que combaten estos desastres.
La falta de financiamiento adecuado conduce a algunos gobiernos provinciales a actuar con recursos propios. Por ejemplo, el gobernador Axel Kicillof, de Buenos Aires, envió brigadistas y equipamiento a Río Negro para intentar contener los incendios, aunque estos esfuerzos resultan insuficientes frente a la magnitud del desastre.
Actualmente, trabajan en el combate 400 brigadistas del SPLIF, el Servicio Nacional de Manejo del Fuego y Parques Nacionales. A estos, se suman siete medios aéreos y brigadas voluntarias enfriando puntos calientes, sofocando focos secundarios y realizando cortafuegos.

Construcción del enemigo
El desfinanciamiento tiene consecuencias devastadoras para miles de familias que han perdido sus viviendas, cultivos y animales. La situación se agravaba por la falta de una respuesta nacional efectiva, dejando a las provincias a cargo de enfrentar los incendios con recursos limitados; y, en el caso rionegrino, alineada con las operaciones políticas que apuntan hacia los pueblos originarios como autores del fuego.
En los últimos días, desde los medios de comunicación hegemónicos y en suma consonancia con el discurso nacional, los gobiernos provinciales de Chubut y Río Negro han estigmatizado al pueblo mapuche como generador de los incendios. Incluso, el gobernador rionegrino Alberto Weretilneck apuntó contra brigadistas voluntarios y voluntarias.
Cumpliéndose una semana del inicio del incendio que ya arrasó con más de 3.300 hectáreas y resumió a cenizas cerca de 200 proyectos de vida, fueron arrestadas nueve personas en diferentes oportunidades.

En la primera ronda de detenciones fueron apresadas tres personas, dos de ellas reconocidas entre los y las voluntarias que desde hace días mojan el bosque, las casas y huertas, enfriando puntos calientes. Uno de ellos se encuentra en prisión preventiva. Se trata de un trabajador de la construcción oriundo de Senillosa, que en su paso como mochilero por la comarca colaboró con la repartición de viandas y el sofoco de focos secundarios.
A las otras dos personas detenidas se les otorgó la libertad al día siguiente por falta de pruebas y luego de una noche absolutamente violenta. Mientras las amistades de uno de ellos ocupaban la vereda de la comisaría de El Bolsón, una patota de hombres montados a caballo con rebenques pedía la cabeza de los demorados al grito de “¡Viva la patria!, ¡Viva la libertad!”. Fueron más de diez las personas agredidas, ante los ojos y la inacción de la policía rionegrina.
La “patota de Lewis” es una grupalidad apodada de ese modo tras las diferentes agresiones que han vivido vecinos de El Foyel y la Comarca en el reclamo por acceso al Lago Escondido. Durante y en torno a la icónica Marcha por la Soberanía, muchos activistas ambientales y políticos han denunciado violencias de suma gravedad.
Cuando Weretilneck se refirió al origen de los incendios, aseguró que “hay algo planificado”, al tiempo que añadió que “no son hechos fortuitos”, para deslizar la necesidad de militarizar la Comarca Andina.
Posteriormente y con pedidos de captura que superaron toda narrativa del terror, fueron detenidas dos mujeres, bioconstructoras, señaladas por pobladores de la costa del río azul. Fueron allanadas y llevadas de un lugar a otro, para terminar detenidas en San Carlos de Bariloche. A ellas se les sumó la presentación voluntaria de otras dos personas. Luego, se presentaron las últimas dos.
El pasado sábado, en la audiencia de formulación de cargos, las seis fueron puestas en libertad. La acusación de los fiscales Martín Lozada y Francisco Arrien, de Bariloche y El Bolsón, respectivamente, había sido en base a suposiciones. En palabras del juez Ricardo Calcagno, sin “tener elementos de sospecha suficiente para que el Ministerio Público Fiscal pueda detener a las personas como sospechosas de autoría, y no detenerlas para que éstas demuestren su inocencia”.
Para el defensor Marcos Cicciarello, “el humo no permitió admitir la presunta inocencia” de las acusadas. ¿Cuánta trama del poder se esconde debajo del humo? ¿Qué se mantiene allí oculto? ¿Qué es lo que buscan nublar detrás del fuego?
El fuego avanza y la criminalización también. La luna por estos días se ve roja, refleja el resplandor de las llamas. Ya son más de 3.300 hectáreas quemadas y el fuego sigue extendiéndose. Las viviendas afectadas de modo total son 120 y unas 33 de modo parcial, según los números oficializados por el gobierno provincial y municipal.
Las lluvias de anoche llevaron un poco de alivio pero fueron insuficientes y siguen las evacuaciones preventivas para las zonas aledañas al fuego. Las instituciones estatales y las comunitarias se mantienen firmes y organizadas, mientras continúa la lucha entre el fuego que crece y la solidaridad reinante.
